"Continuum"

por Carolina Gómez Quinto


Su casa era minúscula y utilizaba muebles multifuncionales que le ayudaban a optimizar el espacio del vestíbulo, sala y recamara al mismo tiempo, la cocina y el baño estaban cuidadosamente distribuidos. No necesitaba más pues con lo abstracto que se había vuelto todo no había necesidad de refrigerador ni estufa, solo una alacena y un equipo de conversión molecular que permitía “cocinar” los alimentos. Una barra para comer con dos sillas y un estante para guardar trastos era todo. El fregadero había sido sustituido por un equipo de vibraciones sónicas y luces infrarrojas que limpiaban y desinfectaban todo, al no haber suficiente agua otras soluciones fueron inventadas.

Por otro lado el baño era más bien un cuarto de desinfección ya no era necesario bañarse con agua, la poca que quedaba era muy codiciada y solo los más ricos tenían acceso a ella. Así que el cuarto de baño era un recinto nostálgico que conservaban por tradición.

Habían dejado de tener un cuerpo humano, desde el punto de vista biológico, la estructura y la configuración de los cuerpos eran tejidos sintéticos estériles y habían eliminado las molestas funciones fisiológicas como sudar, orinar, defecar, menstruar o eyacular. Conservaban una sensibilidad programada que le permitía experimentar el mundo exterior y sentir como los humanos.

Al llegar a casa la recibieron sus tres gatos, uno negro, uno bicolor negro y blanco y uno pinto. Su favorito era el negro, la programación con la que estaba cargada, lo hacía un gato muy tierno y cariñoso, era un modelo antiguo y poco común, a veces era poco compatible con el de los otros dos que habían llegado a su vida de forma fortuita, lo que hacía que se generaran interferencias entre sus programas. Había encontrado a los dos gatborgs en un chatarrero de electrónicos al que a veces solía ir en busca de piezas para sus obras plásticas. Esas que hacía en sus ratos libres, después del trabajo. Cada vez que llegaba a casa la rutina era acariciar a los gatborgs y conectarlos para alimentarlos, hacía lo mismo antes de ir al trabajo y una vez más antes de dormir. A veces pensaba que cambiarlos por un modelo reciente le ahorraría tiempo, pero estaba encariñada con ellos y no se imaginaba llevándolos al deshuesadero.

Una vez terminada la faena se dispuso a ir a la cocina a buscar unos sobres de proteínas y aminoácidos y los colocó en el equipo de conversión. Se alimentó sin mayor entusiasmo, no era algo que disfrutara el sabor era insípido pero era para lo que le alcanzaba, las comidas saborizadas eran demasiado caras para su nivel de trabajo. Lu2 era intérprete entre humanos y robots, como ya había pocos humanos sabía que era un trabajo que pronto estaría obsoleto, por lo que en algún punto de su existencia tendría que reprogramarse por lo menos parcialmente para seguir operando. Lu2 era un híbrido entre un humano y un robot conocido como cyborg, su cuerpo ya no era humano pero su contínuum mental seguía siendo “ella” sus recuerdos, emociones y experiencias continuaban ahí. Esa conciencia humana era la que le permitía establecer una comunicación eficiente entre máquinas y humanos. Por su trabajo era muy consciente de la fragilidad del ser humano y de las necesidades tan excéntricas que tenían eran los pocos seres que necesitaban forzosamente agua para sobrevivir, encontraba muchos inconvenientes en esta situación. Los problemas que más encontraba en sus interpretaciones era con respecto a la lógica y la ética bajo la cual se regían las dos especies.

Ella se sentía agradecida por su condición, consideraba que tenía lo mejor de las dos especies, ya que poseía la sensibilidad de una mente humana pero sin las molestias fisiológicas que acompañaban a un cuerpo humano. Aunque conservaba sus recuerdos el hecho de no tener un cuerpo biológico impedía recordar el contacto con el agua, la sensación de sudar bajo el sol o sentir frío, por mencionar algunas. Recordaba los momentos en los que estas experiencias habían sucedido, pero no recordaba qué se sentía la experiencia en sí.

Sentada en la cocina comiendo sus proteínas insípidas reflexionaba sobre qué hacía a los humanos, humanos, su cuerpo biológico o su conciencia. Esa esencia de la que tanto había leído en libros viejos de filosofía que había obtenido en los que nombres como Heiddeger, Kant o Husserl aparecían en repetidas ocasiones. No comprendía del todo su condición y esto la inquietaba. La realidad en la que vivía era compleja y se preguntaba si todos los ciborgs se hacían la misma pregunta o solo era ella, pues no se atrevía a hablar de sus dudas con sus amistades, que en realidad eran pocas.

Por la noche recostaba su cuerpo para recargar baterías pero su conciencia la atormentaba y añoraba alguien a quien preguntarle ¿Cuál es la esencia del ser humano?




 


Carolina Gómez Quinto


Originaria de la ciudad de Madero, estudió la licenciatura en diseño gráfico, después una maestría en Estrategias de Creatividad y un Doctorado en Comunicación. Trabaja como docente de diseño gráfico y en sus ratos libres le gusta escribir relatos cortos.

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