"Una noche de tormenta"

por Erika Castillo


La noche extiende su manto sobre las colinas, arrebatando la belleza que allí se posó alguna vez, mientras la lluvia azota las hojas de los árboles sin piedad obligándolas a doblegar su naturaleza a merced del viento, quien increpa la voluntad del roble que habita en el centro del jardín. La voz de la tormenta se deja escuchar.

El fulgor que ha desatado el cielo ilumina un castillo, hogar de mentes desafiantes del status quo, donde mil palabras han dado vida al lenguaje del amor y la existencia etérea.


Entre sombras se encuentra una mujer, paseando a través de la longitud de la alfombra traída desde las Indias. Su vestido de noche, cual fantasma desesperanzado, la sigue en sus pasos. Es su única compañía. Su cabello fue peinado innumerables veces, mientras escuchaba el monólogo silencioso de un corazón pesaroso, poseedor de tantas cicatrices que ya se encuentra deformado.


La voz furiosa de los cielos claman la solitud de ella, quien ahora, admira la tormenta desde su ventana. Se siente acompañada dentro del estruendo de la noche, aquí es donde su alma encuentra refugio de una vida que la atribula, pero le provoca existir con toda intensidad de la que su ser puede ser capaz.

De soslayo observa su cama vacía, al que llama su marido no ha visto desde hace dos noches. Sabe donde se encuentra. No es necesario mandar a buscarlo. Las sábanas de la cama de quien se dice su hermana lo acobijan en esta noche tormentosa. Él nunca lo ha confesado, ni ella lo ha pedido. Es una verdad tácita en un triángulo donde el amor ha encontrado hogar en ángulos obtusos en el cual las definiciones no tienen cabida.


La mujer que antes proclamara al amor libre su bandera de vida, hoy se cuestiona la libertad del amor. ¿Acaso, un amor sin límites no cabe entre dos personas?


“… hubiera preferido permanecer siempre en la ignorancia. Antes eso que descubrir la ingratitud y la depravación de una persona tan querida por mí…” Dice con un hilo de voz que se pierde entre los nubarrones.


El reloj de la estancia anuncia la media noche acompañado de murmullos por los pasillos; una damicela ha dejado el cuarto de el señor de la casa; pero la mujer sabe que estará sola hasta el amanecer, cuando entre súplicas y promesas vanas, el dueño de su corazón regresará.


“… ¿Cómo no perdonar a esta alma atormentada por el sufrimiento? ¿No somos todos esclavos de nuestras pasiones?...” Se dice a si misma tratando de convencerse.


Enciende una vela sentándose frente a su diario, las sombras se proyectan en la habitación como sueños que se desvanecen entre la luz de la vida. Entre el rugir de la naturaleza escucha el llanto de un bebe, pero ella sabe que no está allí. Las sombras traen a la vida sus más profundas memorias. De pronto, un moisés se encuentra junto de su cama y un biberon se posa en la mesa de noche. Las penunmbras lento se asientan sobre la cuna, aspirando la vida que allí se arrullaba. No les basto alimentarse de su primer hijo, también se llevaron a su niña meses atrás.


La luz cegadora del rayo ahuyenta a las sombras dejando a la mujer en compañía del papel y su pluma. Sólo hay una manera de vencer tanto dolor en una vida tan corta: Escribiendo.


“… tengo sin embargo una gran necesidad que hasta ahora no he podido satisfacer; y que ahora siento como una falla lamentable. No tengo aquí ningún amigo…” Escribe en su diario.


Un rayo cae en el roble al centro del jardín, incendiando sus ramas. La mujer en actitud impasible contempla el crepitar de la madera, ve como lento el árbol se entrega a la muerte bajo el fuego danzante. La tormenta escucha sus súplicas dominando al fuego.


Pero en el corazón de ella una idea comienza a tomar forma. Poseída por una fuerza incontrolable llena hoja tras hoja con palabras que desbordan dolor de ausencia de una presencia vacía. Una criatura ha nacido de la tormenta. Sin nombre, con el rostro tan deformado como el corazón de quien ahora le da vida a través de las letras. La tormenta danza gustosa desatando su contento. Le ha devuelto la vida a quién instantes atrás le observaba desfalleciendo.


Varias noches con sus días la mujer se entregó a sus letras, cerrando la puerta de su habitación al mundo, sólo existiendo entre la tormenta que ahora estaba viva en su corazón. Cada palabra le dio razón a su sufrimiento y exisitir a su soledad a través del rostro de un ser deformado por las pretenciones de un monstruo que no supo tomar responsabilidad de sus actos hacia las personas con las que convivía.


“… Creo que puedo mantenerme a mí misma, y hay algo inspirador en esta idea…” musitaba mientras la tinta cobraba vida en el papel.



El sol entra por las ventanas de una habitación donde la mujer duerme tranquila. En el escritorio un fajo de hojas reposa tranquilamente, la cuidadosa caligrafía de la primera página reza:

“ Frankenstein o el moderno prometeo”

Autor anónimo.


La puerta de la habitación cede ante la insistencia de un hombre que busca el abrazo de la que llama su esposa. La joven mujer lo mira en silencio. Ya no está sola en compañía de su marido, mientras dirige la mirada hacia su escritorio…



 

Erika Castillo (Chihuahua, 1982) Estudió Ingeniería Industial en el Instituto Tecnológico Superior de Nuevo Casas Grandes. Escritora y poeta bilingüe. Ha laborado en empresas binacionales a cargo de áreas de Aseguramiento de calidad, Evaluación de proyectos y Finanzas, también incursionó en el área de Marketing y Diseño de productos.

Madre de familia y lectora ferviente desde su infancia. Ganó el concurso de cuento a nivel estatal organizado por la DGETI en 1997. Ha publicado en varios medios digitales y participado en mesas de diálogo organizadas por Anaquel Literario, comunidad literaria e intercultural. Actualmente colabora con la publicación quincenal Las Aventuras de una mamá lectora.

Su relato ¡AHORA ME TOCA A MI! Se encuentra en la Antología Recolectores de Silencios de la Universidad Autónoma del Estado de México 2021. Participó en la antología de Alas de mariposa con el poema Transformación.

Participó en el Primer encuentro Internacional de Poesía de Xochimilco en Septiembre 2021.

Obtuvo mención especial en el segundo concurso internacional de relatos fantásticos del Diario Tinta Nova con el cuento El Primer Colibrí.


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