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Selene Cosmos


Selene Cosmos


Cuando niña siempre me intereso robarme los lentes de mi padre, esperaba que se durmiera para así jugar a tener sus ojos, sus lentes de pasta gruesa, obscuros y con mucho aumento me permitían salir al patio y acercarme aquel astro que tanto me interesaba.

El astro con el que mi madre me arrullaba, contando sus historias como si de otra persona se tratase.

Mi admiración por aquella pelota redonda rocosa, quien se atrevía a capturar animal y portarlo como escudo inocente, se acentuó, al saber que en mí nombre, enraizado a través del tiempo y letras, yacía la mismísima luna.

Mucho tiempo paso y yo continué robándome los lentes, de todo aquel que se cruzase por mi camino, algunos lentes me dejaban los ojos llorosos e hinchados otros más amables me dejaban con la mirada llena de pequeños botones a una manecilla de abrir.

Y de aquellos pequeños botones, nació en mí la necesidad de proteger, guiar y orientar, casi como un sueño que olvidas al despertar, me encontré con la pedagogía y me sentía extrañamente familiar, todo mi mundo cobraba sentido y al mismo tiempo lo perdía, no negare lo difícil que esto resulto, realmente es difícil, tirar las estatuas y el símbolo de mi lengua.

Pero les contaré un secreto, uno del cual me alegro ser portadora.

Encontrar hijas de la luna, que han conseguido reunir letras en donde antes solo caían hojas o cabalgado sin ataduras, desafiando con valor todo aquello que lastime, ha hecho que me fortalezca que continue y espero esto mismo encuentres tú, hoy me lees, a través de estos de lentes que sin querer has tomado

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