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La diosa de los mil nombres, la Luna [Hermanas de la luna. El legado por Erika Castillo]

La oscuridad le permite a la Luna brillar. Piensa que tú también puedes brillar en los días más oscuros

Carol Miller


Mis queridas Lunáticas ¡Llegó Octubre al fin! Este es un mes muy especial en muchos sentidos; el otoño nos cubre con todo su esplendor y nos deja ver la maravilla que es el paso del tiempo, tornando de colores ocre todo a su paso y enseñándonos la belleza en dejar ir y soltar para así poder crecer de nueva cuenta. Experimentar la vida…

Otro acontecimiento maravilloso en Octubre es el aniversario de LunáticasMX. Permítanme compartirles que es un privilegio para mí el poder ser parte de este equipo con mujeres hermosas y talentosas. Bueno, tendremos que festejar ¡¿verdad?!

Y a manera de rendir homenaje a quien con mucho amor y esfuerzo ha dedicado días de su existir para que este espacio en el universo pudiera albergar la voz de mujeres magistrales replicando la verdad de vida de cada una de ellas, es que he decidido hablarles de “La diosa de los mil nombres: La Luna”



Es difícil no sentir la inspiración en dicha presencia celestial, aquella que en cada noche nos acompaña, siempre estando presente en nuestro diario vivir, ha sido la constante que nos muestra que no necesitamos estar continuamente a la luz para ser completos, nos ha enseñado que la oscuridad es hermosa y necesaria para poder conocernos mejor, entendiendo que nuestras debilidades se vuelven nuestras fortalezas si nos atrevemos a aprender de ellas. En el espacio nocturno la Luna ha estado allí, ofreciéndonos su reconfortante compañía en momentos de duda, su hermosa luz cuando danzamos bajo ella en éxtasis de felicidad y mostrándonos su ausencia para saber cuánto la necesitamos. La luna siempre está allí para cada una de nosotras guiándonos y mostrándonos el sendero de nuestra existencia.

Desde el inicio de los tiempos la Luna ha cautivado a la humanidad, dándole un lugar de honor entre las deidades y aprendiendo de ella para poder hacer de nuestra existencia un lugar más placentero. Su naturaleza cíclica moldeó parte de nuestra sociedad: enseñándonos a obtener los dones de la madre Tierra, guiando las expediciones a nuevos mundos y conquistas a través de los mares y lugares nunca antes vistos. Pero su guía no sólo se ha limitado a las hazañas meramente terrenales, su aura va más allá, entrelazando los mundos, permitiéndonos conocer la vida después de nuestro paso por esta experiencia corpórea.

Es así como me permito abordar la historia de nuestra Hermana La Luna.

Para la cosmovisión andina la Luna es una madre que nos da ciertas señales para nuestra vida y nuestras decisiones personales. “Cuando sale Mamá Luna tienes que ofrendarle conectarte con ella y pedirle permiso y lo que quieras: que ayude en el crecimiento o en la cosecha, si estás enfermo, le pides que te sane y te trae sanación, ella otorgará bondades para ti, la familia y la comunidad” mencionó Alfonso Cachimuel Tabango, Kichwa del pueblo Otavalo.

Para la cultura andina, la Luna es la madre, la reina del cielo, representa la resurrección y el renacimiento, así como la intuición y la luz en la oscuridad. No alejándonos mucho nos encontramos también bastantes similitudes en la civilización Inca, donde el zorro es el animal que simboliza las manchas lunares. La leyenda cuenta que alguna vez hubo un zorrito que estaba enamorado de la Luna y siempre la miraba extasiado, la Diosa Lunar en su compasión infinita lo abrazó y ambos se unieron, formando así dichas manchas. Creo que he encontrado el por qué tengo una creciente fascinación con los zorros mis queridas Lunáticas, sin saberlo siempre me han encantado estos animalitos y cada vez que puedo ando dibujándolos por todos lados. Creo que ahora comprendo la razón, tal vez algún día la Luna también me abrace a mí, ¿no lo creen? Aunque no siempre la historia fue así, en la mitología nórdica un lobo llamado Hati siempre asechó a Máni, nuestra querida Luna. Si la alcanzó o no, tendremos que dejarlo para otra ocasión.

Bueno, caminando un poco por el mundo, puedo mencionarles que en el Antiguo Egipto La Media Luna fue un atributo tardío que se le confirió a la diosa Isis como Reina del Cielo, y todas entendemos el gran poder de esta mujer-diosa para dicha civilización, no es de extrañarse que se le dieran las atribuciones de nuestra Luna.

Caminando por el mundo y a través del tiempo nos iremos hasta Mesopotamia, en la ribera oriental del Éufrates para ser más exactas, aquí a la Luna la adoraban bajo el nombre de Inanna y en algunos templos se le rendía culto al dios Bilquisilumquh, es correcto, ellos le dieron una personalidad masculina. Pero no fueron los únicos, ya que devolviéndonos al Antiguo Egipto sólo por un instante, existieron varios dioses lunares Jonsu, Thot, Min e Iah. Si me leyeron bien Lunáticas, todos ellos representaron a la Luna como ser masculino.

En Fenicia la Luna era denominada Astarté, de origen sumerio - Acadio, era homónima de Isis y Hathor (algún día les contaré el relato de esta diosa poderosa a quien sólo se le podía apaciguar su furia destructora con cerveza, pero eso será otra historia…)

En la mitología grecorromana estaba Selene, también llamada Luna, y su historia de amor imposible con Endimio ha inspirado más de una novela romántica inclusive hoy en nuestros días.

Los papúes de Nueva Guinea la denominaban Bimbao y los muiscas precolombinos, un pueblo indígena en el centro de Colombia, le llamaban Chía. Los incas en quechua le decían Coya Raymi o Quilla.

En Japón, en el Sintoísmo el dios lunar es llamado Tsukuyomi.

Hemos paseado por el mundo mis queridas Lunáticas, ahora permítanme hacer una parada en nuestro país para mencionarles sobre Metztli la diosa única del pueblo otomí cuando llegó al Altiplano mexicano, ellos no adoraban a alguna otra deidad y fue por ello que erigieron Metztitlán, que significa Lugar de Luna.

Coyolxauhqui hija de Coautlicue fue la representación lunar de los mexicas.

Y por último, quiero platicarles de quien guía los pasos de nosotras las Lunáticas, nuestra querida Ixchel, una diosa maya poderosa y destructiva, así como daba la vida podía quitarla. En su cara destructora mandaba inundaciones y enfermedades, pero cuando su lado benévolo miraba a la humanidad ayudaba con la fertilidad, cosechas, embarazos, amor… Por tal razón y el lugar que ocupa en el cielo se le permitía medir el tiempo y los aspectos más favorables de la vida.

Al fin de cuentas no importa como la nombres: Mamá Luna, Metztli, Ixchel, Máni, Innana, Astarté… ella siempre está aquí para nosotras y con cada una de sus hermanas. Cuando la vida pone pruebas para enseñarnos cuan valiosas somos, al derramar bendiciones en nuestra existencia, al acompañarnos en una noche de lágrimas esparcidas por la almohada, en las reflexiones que nos acompañan a la hora de dormir, ella siempre estará allí. Guíandonos con su luz y su presencia. Enseñandonos a ser completas aún cuando la oscuridad nos rodea, mostrándonos que no importa el nombre o el género que nos atribuyamos nuestra esencia es la que importa y nos lleva a realizarnos y cumplir nuestros sueños.

Cuando el mundo se sienta un lugar difícil de habitar puedes encontrar refugio en su abrazo lleno de luz y consuelo en su sabiduria maternal. Su naturaleza ciclíca entenderá tus propios tiempos y te enseñará a caminarlos con la fortaleza propia de tu existir.



Lunáticas me despido de ustedes con un abrazo y deseándoles que la presencia de nuestra querida Luna las acompañe en cada momento de sus vidas.

Erika C.



 

Erika Castillo (Chihuahua, México 1982) Estudió Ingeniería Industial en el Instituto

Tecnológico Superior de Nuevo Casas Grandes. Escritora bilingüe. Ha laborado en empresas binacionales a cargo de áreas de Aseguramiento de calidad, Evaluación de proyectos y Finanzas, también incursionó en el área de Marketing y Diseño de productos.

Madre de familia y lectora ferviente desde su infancia. Dibujante aprendiz y

amante de la música. Ganó el concurso de cuento a nivel estatal organizado por la DGETI en 1997.

Ha publicado en varios medios digitales y en papel. También participa en mesas de diálogo organizadas por Anaquel Literario, comunidad literaria e intercultural. Actualmente colabora con la publicación quincenal Las Aventuras de una mamá lectora. Su relato ¡AHORA ME TOCA A MI! Se encuentra en la Antología Recolectores de Silencios de la Universidad Autónoma del Estado de México 2021. Obtuvo mención especial en el segundo concurso internacional de relatos fantásticos del Diario Tinta Nova con el cuento El Primer Colibrí.

Es co-coordinadora del círculo de creación comunitaria "Creadoras, escritoras y artistas tercermundistas narrando el siglo XXI" y creadora de la columna "Hermanas de la luna: el legado" y de la "Encuentra de artistas y proyectos feministas en resistencia 2022" en Lunáticas.

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