"De deleites y pungencias"

por Lorena Ruiz Álvarez


06:47 a.m.

28 de marzo de 2098

¿Qué es el placer si no la ausencia de dolor? Eso es lo que siempre pensé. Sin embargo, las cosas no son tan fáciles. El dolor también puede provocar placer. Seguramente piensas que me refiero a una cuestión sadomasoquista o algo por el estilo. Pero no es así.

Vamos a ponernos pragmáticos y definamos al placer como una sensación bastante agradable, más allá de lo habitual.

Lo sé, debes seguir preguntándote porque rayos esta palabrita no es lo opuesto al dolor. A nadie le gusta sufrir, ¿verdad? No obstante, te demostraré porqué dolor y placer no son opuestos.

Sé que nunca en tu existencia has probado ni probarías el picante. Pero déjame decirte, nada como una rica salsa de chile de árbol o unos chiles manzanos en vinagre para acompañar un buen taco de carnitas. Seguramente crees que esos alimentos pican porque así deben saber, es lo que has aprendido observando. Pero más allá de toda creencia, debes saber que el picante no es un sabor, es una sensación.

Tú dime, ¿a cuantas personas no conoces que se atascan brutalmente con los jalapeños y la salsa habanera? ¿cuántos seres humanos no van por ahí comiendo montañas de chiles poblanos o abasteciéndose, como si fuera el fin del mundo, de salsa tabasco?

Todo lo anterior ¿a costa de qué? Bueno es fácil, todo esto para activar unos pequeños receptores generadores de dolor, táctiles y temperaturas presentes en la boca.

Como puedes ver, a mucha gente le encanta el sufrimiento. Podríamos llamarles mini masoquistas.

Por lo tanto, al contrario de las palabras del famoso filósofo Epicuro, lo placentero no es la supresión del sufrimiento.

Lo lamento… Sé que me he desviado un poco de la conversación. Pero he hecho esto para mantener tu mente abierta, camarada. Al final, será la única forma con la cual comprenderás lo que estoy a punto de hacer.


11:00 p.m.

18 de febrero de 2098

Hoy me levanté muy temprano a sacar la basura, ya sabes cómo es esto. No tienen consideración alguna por mi ciclo del sueño.

Bueno, la verdad no te escribí para quejarme de eso. En realidad, quiero contarle esto a alguien…

No sé bien cómo explicarlo, pero creo haberle visto. Sabes a quién me refiero, o al menos eso espero.

Ay, no sé por dónde comenzar. Aunque si tengo la seguridad de algo, esos ojos color miel eran los mismos de antaño… y ese pelo negro solo estaba un poco más corto de lo habitual.

También puedo confirmar, sin temor a equivocarme, que sonrió.

13:00 p.m.

07 de marzo de 2098

La noche de anoche fue irrepetible. Ojos color miel me enseñó cosas nuevas. Por ejemplo, ¿sabías que quedarte contemplando tu reflejo por horas es increíblemente satisfactorio? Al principio lo creí una tontería. Pero poco a poco el asunto fue tomando forma.

Primero, me desnudé por completo y me recosté en el suelo. ¿Recuerdas ese espejo gigante ajustado al techo de mi sala? Sí, el espejo que costó veintitrés mil pesos. Pues resultó ser muy útil al momento. Bueno, la experiencia fue extraña. Al inicio solo me observaba y meditaba las decisiones que podía tomar, pero finalmente dormí.

Pasó un largo rato, unas dos horas quizá. Entonces comenzaron los síntomas de todos los días, ya sabes, comezón en el parpado, la nariz, olvidar como respirar, y cosas así. Es difícil vivir en un cuerpo humano. Sin embargo, nunca se me había ocurrido hacer algo al respecto, hasta que Ojos color miel me sugirió rascarme.

¿Puedes creerlo? ¡Es tan simple como eso! Solo frotas tus uñas con el área afectada y ya quedó.


19:43 p.m.

10 de marzo 2098


Oh rayos, este diez de marzo no lo olvido por nada. No me cabe en el cerebro. En serio, de lo que te estás perdiendo camarada.

Sé lo que debes estar pensando: “Apenas llevas un mes como humano y ya quieres hacer la transición. Ah, pero qué tal hace dos semanas. No soportabas ni una hora cerca de una muchedumbre porque colapsabas y te ponías en estado de vegetación”.

Lo sé, estoy consciente de ello… Sin embargo…

Bueno. Esta vez conocí otras sensaciones. Ojos color miel dice que siempre debo buscar un equilibrio entre el dolor y el placer. Hasta citó a un tal Stuart Mil. Dijo esto:

“"Es mejor ser un hombre insatisfecho que un cerdo satisfecho, es mejor ser Sócrates insatisfecho, que un loco satisfecho".

Con toda honestidad puedo decir que no conozco al tal Sócrates ni al tal Mil.

Pero, y ya sé que mis mensajes siempre están llenos de peros, encontré placer en situaciones inimaginables. Por ejemplo, hoy escuché música.

Ay, verdaderamente no pude creer el bienestar que me brindó esta… esta… esta manifestación artística, así le dicen. Sus componentes son increíbles. Tiempos, tonos, ritmos insostenibles por sí mismos, pero a la vez mágicamente sincronizados por el ingenio de la humanidad. Al escuchar música mi cuerpo reaccionó automáticamente a esta y -en comparación a mi primera experiencia con dichos sonidos- en esta ocasión me dejé llevar felizmente por la magia de la melodía.


08:01 p.m.

18 de marzo de 2098

Esta vez tengo una anécdota extraña. Fue una situación de lo más nueva para mí. Debido a nuestro poderoso empeño por estudiar al homo sapiens sapiens creí saberlo todo. A pesar de todos los conocimientos culturales, científicos, políticos, sociales e históricos sobre su especie, perdimos de vista algo muy importante.

Muchas veces leí e investigué con avidez el fenómeno de la sexualidad en los seres humanos. Tengo tanta experiencia en el campo que podría convertirme en profesional de la salud sexual y reproductiva en menos de cuatro años.

Sin embargo, experimentar el placer sexual va más allá de mi sabiduría. Aunado a esto, la satisfacción de probar algo nuevo y que te guste sólo aumenta el deseo de hacerlo otra vez.

Así es camarada, cómo ya te estarás imaginando, tuve sexo con Ojos color miel.

Desde el punto de vista de mi pareja el encuentro fue como cualquier otro. No obstante, para mí la situación fue reveladora.

Sigo sin creer como las miles de terminaciones nerviosas de la piel son capaces de elevar al mismo ser hasta el éxtasis.

¿Cómo explicarte el placer sexual camarada? Sin duda es difícil, pero no imposible. En pocas palabras es liberación. Durante cierto tiempo durante el encuentro sexual persiste una fuerte tensión entre las personas involucradas. Es un estira y afloja. Una lucha para ver quién se excita o humedece más que otro. Entonces llega el momento de ceder y ser feliz por y para ti. Es tan egoísta y altruista a la vez. Y poder ser ambas cosas por un solo momento, camarada, también es placentero


12:39 a.m.

20 de marzo de 2098


Camarada, espero te encuentres bien.

Pasó un día desde mi encuentro con Ojos color miel. No me ha contactado ni ha venido a visitarme. Y eso me impacienta.

Por otro lado, estuve experimentando con mi cuerpo humano de nuevo.

Ahora se me ocurrió comer demasiado. Engullí cualquier cosa que se atravesara mientras recorría incansablemente el Zócalo de la ciudad.

Gorditas, quesadillas, tlayudas, birria, barbacoa, tacos de cabeza, de canasta… En fin, suficiente maíz para colapsar.

A eso de las siete de la noche decidí regresar a mi hogar porque el cielo empezó a oscurecer y comenzó a refrescar por la noche.

Llegué a mi habitación, agradecí por la comida en silencio y me quité el calzado. Entonces procedí a acomodarme en mis cobijas para descansar. En menos de lo que canta un gallo el sueño había tomado posesión de mí.

Dormir nunca había tenido sentido para mí. Sin embargo, cuando tienes un cuerpo y lo pones a trabajar en exceso, el descanso es la mejor de las sensaciones.


18:16 p.m.

29 de marzo de 2098


Hoy por fin me di cuenta cuál es el verdadero sentido del placer.

Pero primero, necesito disculparme por no avisarte. Entiendo tu enojo camarada.

Debí decirte algo antes de romper el vínculo contigo. También sé lo que implica para ti el fracaso de la misión. Lo más probable es que te eliminen.

Aun así, quiero decirte por qué lo hice.

Fue por Ojos color miel. Cómo una vez dijo Diego Palma:

“Nada da mayor placer en mí, que volver a ver sus ojos y que me pertenezcan, y al mismo tiempo saber que ese brillo le caracteriza entre las multitudes, pues ni el agua ni el sol en conjunto, igualan ese destello al mirarme”

Debes saber, cómo mi último mensaje para ti, algo muy importante. Para que el placer exista, también debe estar presente el dolor y el suspenso. Velo de esta manera, por ahora, camarada, el suspenso te mantiene a la expectativa de cuánto sufrirás. Pero, cuando hayas sido borrado del mapa, cuando ese asunto pendiente haya sido resuelto, sentirás el único y más grande placer en la vida.



 

Lorena Ruiz Álvarez nació en la Ciudad de México el 27 de junio del año 2000 en la Ciudad de México. Toda su vida ha residido en el municipio de Huixquilucan, Estado de México. Actualmente cursa el quinto semestre de la licenciatura de Comunicación en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán.

Sus textos: El ultimo Ilhuicamimas, Sherezada, Un brote de resentimiento y Soy el sentido mudo forman parte de la antología del Taller de Escritura Las palabras de Sherezada, por parte del

Colectivo Hékate y La Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, y la cual está próxima a

publicarse.

Contacto: lorenaruizalvarez@gmail.com

Instagram- @loreleiescritora

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