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"Búscame en las estrellas" por Ivy-Mai Domínguez Navarrete

—¿Ya te vas a la Feria del Libro? —me preguntó mi madre, sus ojos cafés, con mucha dulzura, posándose en mí.

—Así es, madre —le respondí, sonriendo de vuelta mientras agarraba mi bolso, bordado con flores de colores—. Debo hacer un reportaje de todo, mi jefe me lo pidió y es importante para mí.

—Ve con cuidado —me recomendó, con un gesto de melancolía. Ambas sabíamos lo peligroso que era el periodismo en el país, sobre todo haciendo uso de las técnicas Gonzo.

—Lo haré —le aseguré, dándome los últimos retoques: me puse mi brillo labial, y mi perfume con diamantina.

—Pareces una estrella, niña mía —dijo mi madre, sosteniéndome la cara tiernamente.

Yo suspiré.

—Búscame en las estrellas si algún día te falto —le dije sencillamente, antes de hacer un gesto con la mano e irme.


Y así fue que partí: todo el trayecto reflexionando sobre la hazaña que haría, sobre lo mucho que alabarían mi nota y la reputación que le daría al periódico. Me metí en la combi, y ahí empezó mi calvario. Se me acercó un hombre, muy delgado, blanco, con bigote muy poblado, y me miró fijamente, con unos ojos verdes que parecían los de una letal serpiente.

—Vaya, vaya —dijo, al borde de una carcajada—… Pero, ¿Qué tenemos aquí? Una bella y adorable jovencita —aspiró mi perfume, como quien aspira un cigarro—… Y, además, chispeante.

El hombre puso sus manos sobre mi cuello, acariciándolo. Sus dedos eran como los de un sapo, delgados y viscosos. Hice un esfuerzo monumental por no tratar de quebrárselos.

Luego de aquel tiempo, que a mi me pareció eterno, llegué al recinto, y me dispuse a cubrir el evento que debía: era la inauguración del libro de una controversial autora, la cual se había visto envuelta en una controversia que involucraba una masacre en un territorio lejano. Tenía mi pregunta, que bien me podía costar la vida, pero no me importó: Iba a sacar el artículo como fuera, por que la gente tenía derecho a saber.

En el evento había personas de toda clase: desde niñas pequeñas, que estaban demasiado jóvenes para entender los delicados temas del libro, hasta mujeres ya mayores, algunas que parecían sobrepasar la edad de la autora. No predominaban, para nada, los hombres, ni la gente de tonos de piel como el mío. Era como si, inconscientemente, el público fuera un reflejo de lo que podría estar en la mente de esa autora. E iba a vaciar el contenido de esa mente en unos instantes.

Esperé una eternidad, semejante a la de la combi, a que la mujer terminara de hablar y presentar su libro. Para ser tan controversial, tenía un tono que, debo admitir, era muy calmado y persuasivo. Pero yo tenía un deber, y no iba a desistir de él.

—Señora Martha Miller —la llamé por su nombre, decidida, para hacerle la pregunta—.¿Qué es lo que piensa de quien dice que la trama de su libro tiene cierto parecido con los sucesos de su vida en Chad?

La mujer de inmediato puso una cara de pocos amigos, con ojos que recordaban al aspecto de un insecto a punto de atacar, y me miró fijamente con aquellos ojos amenazantes. En ese momento, se hizo un silencio de ultratumba, y me sentí pequeñísima ante la mujer.

—Oh, por favor —se quejó ella, rodando los ojos, como si se lo hubieran preguntado un millar de veces—. Nunca estuve involucrada, nunca hubo un caso —se defendió, abrazando a su esposo, un hombre blanco y fornido—. Además —en ese momento, puso unos ojos destinados a dar lástima, aunque para mi eran repugnantes—… ¿Qué no puedes ver que somos buenas personas?

Yo no dije nada. Tan sólo me quedé ahí, casi congelada, el resto del evento, que pasó entre preguntas sobre la “poderosa” protagonista de la novela, los “inspiradores” personajes secundarios y la “gran” película que se haría al libro.

Luego del evento, pasé a comprar algo de comida y unos libros pequeños, sobre el mismo ámbito en que me desempeñaba. Estaba por irme cuando sentí una mano jalarme, y me llevaron a la fuerza a una camioneta negra.

—¡Maldita, no debiste abrir la boca! —dijo el fornido y blanco hombre que acompañaba a Miller, poniéndome una mordaza y atándome de manos.

Otra eternidad pasó en aquella camioneta. Tenía un miedo terrible, y no tenía idea de a dónde iba a parar. El cielo se oscurecía, el crepúsculo se hacía presente, y solo perdí a la primera estrella del atardecer que mi mamá me pudiera buscar junto con ellas…

Por fin, sentí cómo me empujaban: estábamos frente a un terreno baldío. Atada de manos, pies, y con la mordaza, no podía decir nada. De repente, lo observé, sacaba aquel objeto metálico. Antes de que pudiera sacar una sola lágrima, él jaló el gatillo.

Bang. Bang. Bang. Bang.

Cuatro disparos al pecho, y me esfumé. Todo se volvió negro. Cavaron un hueco y ahí me enterraron.

A veces veo a mi mamá, desconsolada ahora. No puedo hacer más que esperar brillar con mucha fuerza, para que, un día, me reconozca de entre todas nosotras.

Nuestra historia no se debe repetir, pero pasa, todos los días, más de una vez. Por eso quiero que mi madre alce la mirada, y me busque entre todas nosotras.

Mi nombre es Elena Ek Echazarreta. Tenía 23 años cuando me asesinaron.

Te deseo una larga y feliz vida.


 

Ivy-Mai Domínguez Navarrete es una mujer del estado de Yucatán, México. Habiendo aprendido a leer a la precoz edad de 3 años, ella desde muy pequeña supo que quería ser escritora.

Desde joven, en el Jardín de Niños Winnie Pooh, leyó cuentos infantiles de Hans Christian Andersen y de los Hermanos Grimm, para pasar al Colegio Iberoamericano de Mérida, donde leería con avidez los libros de lecturas de la SEP y las antologías de la misma institución, así como libros clásicos, tales como Mujercitas de Louisa May Alcott o La Vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne. En el estricto Colegio Educación y Patria pudo, a escondidas de las puritanas monjas, leer la saga de Harry Potter y obtener un certificado FCE de inglés de Cambridge, a medida que iba pasando su secundaria y preparatoria.

También por esos momentos hizo su blog, https://monse-dominguez.blogspot.com/, donde publica sus vivencias como Mujer Autista. Enamorada del estilo de enseñanza, pasa a estudiar en la Universidad Modelo, donde, de la mano de la Licenciatura en Lengua y Literatura Modernas, llegó a varios concursos de cuentos y a participar en el canal https://www.youtube.com/@ElTemplodeHermopolis.

Actualmente busca crear una novela de ciencia ficción, y va haciendo nuevas historias cada día.


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